Melodía de Placer con el Succionador de Calor

Era una tarde lluviosa en la que Helena y su pareja, Mateo, no habían salido. Decidieron explorar placeres juntos, sin prisas y con una chispa de curiosidad para conocer y descubrir aquel juguete que prometía maravillas con todo lo que podían hacer.

Ya en la habitación, envueltos en una suave luz y una melodía sugerente de fondo, iniciaron su travesía hacia un placer desconocido, aplicando todo lo que les explicaron en la tienda sobre lo que ese juguete podía hacer, tanto en el cuerpo de ella como en el de él.

Éxtasis en Solitario

Helena vestía para la ocasión un body abierto que dejaba su vulva y culo al aire, además de dejar totalmente accesibles sus pechos. Lucía increíblemente sexy y, al verla, Mateo notó que su entrepierna reaccionaba al instante. Mateo se dispuso a tomar lubricante para aplicar en su miembro erecto y dejó caer también unas gotas en la vulva de Helena, quien ya se disponía a colocar el succionador en su clítoris.

Helena encendió el succionador, ajustándolo a la intensidad continua más suave disponible. Poco a poco, empezó a sentir las ondas pulsantes y, según lo necesitaba, aumentaba la intensidad. Mientras tanto, Mateo acariciaba los pezones y el pecho descubierto de Helena con su pene erecto y resbaladizo. Helena, a su vez, buscaba el miembro de Mateo con su lengua. A los pocos segundos del juego, y sin que Helena pudiera subir mucho la intensidad del succionador, empezó a sentir un soplo de calor que, junto a esas vibraciones tremendamente estimulantes, la llevó al primer clímax de la noche. Mateo no podía creer que Helena hubiera llegado tan velozmente, ya que a su pareja solía costarle alcanzar el clímax y necesitaba bastante estimulación, juegos y caricias. A Helena le encantaba el masaje cuerpo a cuerpo; le excitaba sentir a Mateo caliente y duro


Sinfonía de estimulación

Mateo estaba sorprendido y excitado; Helena había retirado aquel increíble juguete y lo examinaba. El calor del succionador había sido el detonante claro de su primer clímax. Ahora, con una mirada pícara dirigida al juguete, se dispuso a probarlo en su compañero. Recordó lo que les habían dicho en la tienda: colocar el succionador en el frenillo, al finalizar el glande, para que el hombre experimente una sensación similar a la que las mujeres sienten en el clítoris.

Con una boca y lengua ardientes, Helena comenzó su exploración por el cuerpo de Mateo. Inició este viaje con un beso apasionado, susurrándole al oído un "espero que te guste". Su boca descendió con deseo, trazando una ruta sensual por el cuello de Mateo, donde el calor de sus labios dejaba una estela excitante.

La travesía continuó hacia las ingles, donde la boca de Helena exploró con curiosidad, marcando una senda de caricias húmedas y sugerentes hacia las nalgas. A Mateo se le erizó la piel y se elevó su miembro, esos movimientos sensuales le estaban excitando mucho.

Helena se centró en los testículos, acariciándolos con delicadeza antes de seguir el camino ascendente. Al llegar al tronco y frenillo, detuvo su avance para aplicar con cuidado lubricante, preparando el terreno para el placer venidero. Con una mano experta, activó el succionador al mínimo, iniciando así una sinfonía de sensaciones que prometían llevar a Mateo a nuevas alturas de éxtasis.

Crescendo Orgásmico

Helena colocó su vulva húmeda sobre el miembro erecto y caliente de Mateo, dejando al descubierto el frenillo donde situó el succionador. Atenta a las reacciones de Mateo, Helena respondía a cada gemido y sensación que él le transmitía. A medida que la excitación se intensificaba, Helena no pudo evitar hacer movimientos más pronunciados, incrementando gradualmente la potencia del succionador.

En su vulva, Helena percibía cómo el miembro de Mateo se volvía cada vez más duro y caliente, incluso liberando algunas gotas de líquido preseminal. El cuerpo de Mateo se tensaba progresivamente, y de repente, sus gemidos se intensificaron. Como si un calor intenso empujara desde dentro hacia fuera su orgasmo y semen, Mateo alcanzó el clímax con intensos espasmos y eyaculación.

Helena, excitada al ver el placer de su pareja, continuó con sus movimientos, llevándola a un segundo orgasmo no menos intenso que el primero.

La habitación temblaba con el creciente placer. Helena y Mateo, fundidos en un abrazo y plenamente satisfechos, cayeron rendidos. Se miraron y sonrieron, reconociendo la increíble experiencia disfrutada sin necesidad de penetración.



¿Te ha gustado este relato? ¿Crees que podrías experimentar orgasmos como Helena y Mateo? Si deseas hacer realidad esta fantasía, ¡puedes intentarlo y descubrirlo por ti mismo!


Relatos eróticos by Factor Mujer (febrero 2024)


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