Lujuria por una pulsera

Ella miró la pulsera que había impregnado horas antes con aquel perfume de feromonas, pero aún no podía creer que el éxito que estaba teniendo en la discoteca se debiera a eso precisamente, simplemente no podía ser eso. Pero...

... Se dio la vuelta y vio las sonrisas de algunos hombres que le ofrecían bailar, comer o beber algo de lo que tenían. ¿Cómo podían estar ahí embobados a que esperara les diera una señal?

Oye, que si tú no la quieres ya me la quedo yo. - Le dijo su mejor amiga. - Hay un par de chicos que no están mal. ¿Por qué no disfrutas de ellos? A lo mejor hasta te dejan hacer un trío.
No empieces... - Descartó ella suspirando y echándose sobre la mesa.
El camarero llegó con unas copas para ellas y por poco le echa encima la copa por culpa de quedarse plantado como un bobo mirándola a ella, como si no pudiera quitarle los ojos de encima.

Creo que voy al baño. - Se excusó para poder calmarse. En cuanto estuviera lejos de su alcance la pulsera volvía a donde debía, el bolso.
Llegó al baño no sin algún percance por el camino y respiró aliviada de estar rodeada de mujeres, salvo por el hecho de que un par de ellas la miraban sospechosamente raro. Sin embargo, no tuvo mucho tiempo de decir nada cuando las manos la sacaron de ese baño metiéndola en una puerta privada. Apenas podía ver nada pero sentir... Los cálidos labios, el sabor a alcohol y sudor, y la pasión con la que la besaba abriéndole con su lengua para entrar en ella a pesar de la brusquedad con que había sido tomada. No podía pensar en ese momento, solo quería dejarse llevar, dejar que quien fuera esa persona se ocupara del fuego que se había encendido en ese momento. Bueno, un beso así bien merecía una pulsera como esa.

No había tenido mucho tiempo antes de que otro se lanzara a por ella, y lo había apostado todo. Esa chica era puro fuego y llevaba observándola varias semanas cuando llegaba con su amiga. Ahora parecía captar la atención de muchos otros y se negaba a cederla a otra persona. Era suya, o lo sería en cuanto lo hiciera. A poder ser en ese momento.

Ese día tenía un aura especial. Le había costado horrores mantenerse detrás de la barra vigilando al nuevo camarero y no lanzarse sobre ella para reclamarla como de su propiedad. Pero había aguantado, hasta que ella se había dirigido al baño y visto la oportunidad para estar a solas y demostrarle la pasión que sentía por ella.

Y ahora... Esos besos no apagaban nada, solo provocaban más y más. Su erección dolía entre los pantalones y los movimientos de ella le provocaban para tocar más abajo, para satisfacerla en otros lugares más íntimos.

Metió su mano entre los pantalones y notó sus bragas húmedas, tan húmedas... No iba a poder esperar nada más. Abrió el pantalón de ella mientras hacía lo mismo con el suyo y, con las piernas, se ayudó a bajarlo a media altura, lo suficiente para dejarle notar su pene ya listo, con el líquido preseminal saliendo. Metió su mano en el bolsillo y sacó un preservativo. Lo rasgó y lo puso en cuestión de segundos para no darle tiempo a pensar, solo a enterrarse en ella moviéndose de forma rápida y salvaje, levantándola del suelo y empujándola sobre la pared. No pudo invertir mucho más tiempo antes de llegar ambos al clímax. La sostuvo mientras recuperaba el aliento hasta que la notó tensarse.

Hola. Encantado de conocerte. - Saludó como si nada.


Relatos eróticos by Kayla Leiz (enero 2013)


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